“En el 2005, Carmen y Sergi fueron encarcelados acusados de un delito que no habían cometido; no tardaron en fugarse de la cárcel donde estaban recluidos y viven permanentemente luchando por la causa de los inocentes y huyendo de la policía. Si usted consigue dar con ellos, no se meta en problemas y aléjese”
- Es nuestra única esperanza… - pensó para sus adentros David el Gnomo.
El poblado de los gnomos vivía consternado desde hacía un par de semanas, cuando los malvados trolls les robaron el gorro mágico de Elisa, un cono verde que la novia de David usaba de sombrero y que era toda una icona para el poblado de esos seres pequeñitos.
Después de un incesante trabajo de búsqueda, el gnomo consiguió dar con Carmen, una mujer de aspecto rudo y fuerte dotada de una gran fuerza física.
- Qué pasa? Quién es que osa molestar mi tranquilidad y mi reposo?!!
Carmen llevaba siempre montones de joyas colgadas de su cuello y adornando sus manos y su imagen impresionaba un poco. Y más para David, que era un gnomo, y como tal, era de naturaleza considerablemente bajita.
- Señora, soy David el gnomo, un humilde campesino que ha seguido su huella sin reparo porqué considera que usted es la única persona capaz de ayudar a mi poblado a recuperar el gorro mágico de Elisa que nos robaron los trolls…
Cuando finalmente Carmen logró centrar su vista en David, y tras unos momentos de diálogo, Carmen accedió a ayudar a los gnomos. Pero primero tendrían que ir a buscar a la extraña pareja de aventuras de Carmen, Sergi. A Sergi le diagnosticaron que padecía de locura grave y los médicos habían dictaminado que debía vivir en un manicomio. Así, el chico pasaba sus días golpeándose contra paredes de ropa, o charlando con sus amiguitos John Lennon y Elvis Presley, o cuidando ponys voladores. Cuando la extraña pareja, el equipo Bf como así preferían llamarse ellos, tenía que ponerse manos a la obra, Carmen se disfrazaba de doctora del psiquiátrico, entraba en el manicomio alegando que venía a hacer una revisión y con maestría y destreza se llevaba a Sergi del local.
Como ya era habitual, a Carmen no le costó sacar a su compañero del manicomio. A Sergi, que por su condición de loco pocas cosas le sorprendían, encontró de lo más normal que Carmen tuviera a un gnomo en sus manos.
- Madre mía, Carmencita, no sabía que fueras madre… y menos que tu hijo fuera tan pequeño…
- No es mi hijo loco… es un gnomo, y es un adulto!!
- Noooo, dime que no lo has hecho… como has podido enrollarte con un enano?? Es que no tienes freno, Carmencita?? Estás loca??
- Soy un gnomo, no un enano… - intervino David.
Pero Carmen no le atendió; ella estaba permanentemente a la escucha de las tonterías que Sergi soltaba para contrarestarle, gritarle y enfadarse. Aunque los dos lo hacían en serio, era como una especie de juego al que los dos se prestaban inconscientemente.
- Quieres dejar de decir tonterías, loco??!!! Vino a pedirnos ayuda, por eso te saqué del manicomio, sino te dejaba allí perpetuamente!!!
Los tres se encaminaron hacia el castillo de los trolls, en busca del gorro mágico de Elisa. David viajaba en el bolsillo de la chaqueta de Carmen. Después de arrastrarse, trepar, saltar y correr para evitar que un derrumbe les sepultara llegaron a la cúpula principal del castillo sin ser vistos. Debajo de ellos, una congregación de trolls a modo de secta adoraban el troll principal que estaba en el medio.
- El gorro de Elisa!! – exclamó David refiriéndose al pequeño cono verde que se erguía delante del troll principal.
- Vamos nene… - dijo Carmen pegando un toquecito amistoso en el hombro de Sergi.
El chico asintió con la cabeza; los dos saltaron en medio de esa ‘reunión’ ayudándose de unos látigos que llevaban en cada aventura. Con gran maestría y dotes perfeccionadas de lucha fueron tumbando a la par a todos y cada uno de los trolls que empezaron a revolucionarse cuando les vieron aparecer en escena; hasta que llegó el momento de tumbar al gran troll y coger el gorro mágico de Elisa. Se dieron las manos satisfechos por el trabajo realizado. Un nuevo tanto a favor de la extraña pareja.
Carmen llevó a Sergi de nuevo al manicomio.
- Se puede saber donde te habías metido??!! – le regañó Mayka, una de las dos doctoras que le atendían.
- Ayudé a un gnomo a quitar el gorro mágico de Elisa de las manos de los trolls.
- Este tío cada día está peor… - comentó Pati, la otra doctora.
- Yo a veces dudo que realmente sea un loco…
- Qué insinúas, que lo simula?